
El tiempo nunca se detiene.
Los días y las horas
con sus minutos y segundos
son instrumentos implacables
que desdoblan mi alma
en cada tic tac.
La vida continúa, sí,
¡pero a qué precio!
El tiempo pasa contigo,
pero también sin ti.
Las estaciones cambian,
los niños crecen,
hay gente que viene
y otra que se va.
Y tú, que te fuiste
sin mirar atrás,
te ausentas de lo importante:
las risas suaves,
las charlas sin sentido,
los abrazos inesperados,
los besos más dulces.
Te vuelves ajeno
a una vida que continúa
a pesar de ti,
y ya no perteneces en la memoria
de aquellos a los que alguna vez
llamaste tuyos.
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