
En este juego de poderes
me retiro limpiamente.
No pretendo seguir intentándolo,
no quiero enredarme más
en esta maraña de reproches y culpas infinitas.
El error fue únicamente mío:
pretender que, conmigo,
iba a ser distinto,
porque
aunque la evidencia ardía justo frente a mí,
decidí no verla,
cerré los ojos ante una verdad irrebatible.
No soy quien para exigirte nada;
no quiero ser quien se vaya primero,
pero he entendido que pedirte algo distinto
es tan egoísta como tu propio silencio.
Así que soy yo
quien recoge sus pasos,
quien cierra la puerta sin temblar,
porque la vida me ha enseñado
que, a veces, el amor
no basta para quedarse
y que hay caminos que solo se abren
cuando dejamos de insistir
donde duele.

Deja un comentario