
Bienvenidos, 46!
A esta edad descubro una paz inesperada.
Una sabiduría silenciosa que te recuerda que tu centro está en la autenticidad
y que, cuando sigues tu intuición, estás a salvo.
Cada año que pasa se van desprendiendo capas de mi coraza,
como una cebolla que se abre sin prisa.
Y debajo aparecen matices, colores, luces
que me acercan —por fin— a mi verdadero centro.
Todo se revela como un caleidoscopio de maravillas,
capaz de dejarme en asombro conmigo misma,
como abrir una caja de Pandora…
pero sin miedo, con emoción y curiosidad.
Y entonces algo cambia:
ya no quiero correr, ni precipitarme, ni demostrar.
Solo quiero estar.
Observar.
SER.
Deja un comentario